Plasencia. Siglo XVI

Plasencia. Siglo XVI
Luis de Toro, médico e historiador

sábado, 9 de mayo de 2015

D. Calixto Payan y Vargas (Parte I)

A LA MEMORIA DE UN HOMBRE ILUSTRE Y BONDADOSO

Hace ya algunos años quise saber del hombre que hace posible que cada día se cumpla mi ilusión: la de educar, el de estar al lado de mis alumnos/as, el sentirme orgulloso de compartir con ellos, el saber,  la entrega y el entusiasmo.
Para ello, recurrí a todo tipo de información, oral u escrita, pero sólo me daban pinceladas de esa persona y sin embargo, esperaba más, mucho más. Por último, me acerque con cierta ansiedad al último rincón que me quedaba por desentrañar y a pesar de mi esfuerzo, no encontraba nada, hasta que descubrir un manuscrito detrás de unos libros, lo cogí y sentí un cierto sobresalto, soplé y el polvo invadió la sala, lo abrí y comencé a leer:  “Badajoz 14 de octubre de 1779 mi amigo Calixto acababa de nacer. Sus padres: don Felipe Payan Rubio, natural de Torrecilla de Cameros (Logroño) y su madre doña María de la Candelaria y Laguna natural de Plasencia que  procedía de una de las familias nobles de la ciudad, los “Vargas”, que dio a esta tierra y a  Extremadura, hombres ilustres: como el obispo don Guitierre Vargas Carvajal o don Vicente Vargas Laguna, mariscal de campo de los Reales Ejércitos de su Majestad o a don Antonio Vargas Laguna, embajador en la Santa Sede. Ambos eran tíos de don Calixto.
Recibió su bautismo en la Santa Iglesia Catedral de Badajoz, el 17 de octubre de 1779 con el nombre de Calixto, José, Antonio y Ramón Payan y Vargas.
Mas tuvieron que pasar muchos años hasta que nos conocimos pero aquel día, fue muy especial. D. Calixto era ya el II Marques de la Constancia y había tenido que venir a Plasencia, para hacerse cargo no sólo de la herencia de su familia sino además de sus 3 hermanas (Agustina, Dolores y Francisca) y de Antonio, el único hermano que le vivía ya que José había fallecido muy joven.
Nuestro encuentro tuvo lugar el 13 de julio de 1830, cuando el marques contaba ya 51 años de edad. Su ama de gobierno, doña Soledad Peroni (con quien luego se casaría el 28 de julio de 1863 cuando ya contaba 84 años de edad y doña Soledad 76 años, a las 20,20 horas en su casa y dentro de su  habitación), me había traído su carta citándome para esta fecha en su casa palaciega de los Vargas (esa casa me atraía muy especialmente no sólo por la belleza del edificio y sus vistas, sino también, por los hombres santos como San Pedro de Alcántara y obispos ilustres y letrados como don Gutierre Vargas de Carvajal que vivieron en ella)
Acompañado a su estudio por su ama, allí mientras esperaba, contemplaba las medallas de honor que don Calixto que había recibido durante su vida militar sirviendo en el regimiento de Caballería de Húsares de María Luis, durante la Guerra de la Independencia contra los franceses. Así como sus títulos militares, el de Teniente Coronel de Caballería del segundo Regimiento de Húsares de Extremadura. Posteriormente en uno de los muchos y grandes momentos que pasamos juntos, me comunicaría que estuvo prisionero más de un año en Badajoz y de ahí su salud endeble (que le acompañaría hasta el final de su vida).
Del primer encuentro recuerdo la amabilidad y la educación con la que me recibió y la confianza que me demostró al hacerme valedor de llevarles todas sus cuentas y sus asuntos familiares, incluso con el tiempo tuve que firmar en su nombre, ya que don Calixto Payan y Vargas, II Marques de la Constancia y Vizconde del “Barrado”, padecía una enfermedad nerviosa, con tos y calenturas que en muchos momentos le impedía moverse.

domingo, 3 de mayo de 2015

LA EDAD MEDIA PLACENTINA (I parte)

Si bien es cierto que los “hechos históricos” son una producción historiográfica en el sentido de que no existen en estado puro sino que son creados por el historiador en su proceso de trabajo, a partir de aquello de lo que las fuentes le informan; Información que, por otra parte, es obtenida a través de la interacción que ambos elementos- historiador y fuente establecen desde sus respectivas posiciones (Bermejo, J.C., 1987, pp.75-104) y en esta reflexión hacerles llegar hoy aunque sea en pinceladas históricas, momentos que quedan reflejados en esta época del siglo XIV, sin duda un siglo difícil en todos los sentidos, económicos, políticos, sociales... y más si cabe, cuando el ideal caballeresco ha cambiado una vez que las grandes conquistas militares han terminado y ahora estos mismos caballeros, miembros de un linaje vuelcan sus ojos a los cargos que hasta ahora habían ocupado las gentes que el “común” elegía en sus respectivas colaciones o parroquias ( San Martín y el Salvador), creando un patriciado urbano a finales de este siglo y contando además con la Instauración por parte del rey castellano Alfonso XI del regimiento (45 de San Esteban) que llevaría a la nobleza placentina a un continuo enfrentamiento de intereses como veremos.
            El siglo comienza para nuestro concejo con unos enfrentamientos por conseguir espacios en donde poder obtener nuevas fuentes de ingresos, nuevos mercados y para ello, tendrían que chocar con una orden militar que controlaba el puente en donde se bifurcaban dos de las más importantes vías de penetración hacia el norte de nuestra región, una hacia el puerto de Jalama ( la Vía Dalmacia) y la otra hacia Honduras (Vía de la Plata), éste era el puente de Alconétar, que en esta fecha de inicios del siglo XIV, estaba bajo la tutela de la Orden del Temple, quienes de su transitada vía obtenían pingüe beneficios, citemos algunos  de los impuestos de montazgos que percibían además de los de portazgos:
1 caballo por cada 5000 que pacían en sus cañadas.
1 maravedí de oro por cada 5000 ovejas.
1 maravedí de oro por cada 50 vacas.
            Indiscutiblemente la rivalidad con la otra orden, la de Alcántara que tenía bajo su control toda la amplia zona oeste de nuestra región, pleiteaba por hacerse con la única encomienda templaria que quedaba tras la toma de Alcántara por parte de ésta y de los concejos de Badajoz, Cáceres y Plasencia. Por este cúmulo de intereses nos veríamos envueltos en unos enfrentamientos directos entre el concejo placentino y los comendadores templarios del puente de Alconétar que tantas muertes ocasionaron, y que el rey Sancho IV tuvo que emitir a finales del siglo XIII un diploma disponiendo el terreno que cada una de las partes había de poseer y los límites que señalaba para quitar contienda entre el concejo placentino y los Templarios de Alconétar.
Esta orden, reclamaba del concejo placentino dos casas que poseía en la ciudad, casas que debían estar situadas cerca de la puerta de Coria al ser esta unas de las zonas de primera construcción y mirando hacia el núcleo más cercano a esta ciudad placentina.
 La investigación histórica estriba en descubrir si esta reivindicación por parte de los templarios eran ciertas y de ser así habríamos de estudiar también hasta qué punto la iglesia de Santa Magdalena puede desentrañar algunas verdades o equivocaciones con respecto a sus peticiones, la hipótesis de trabajo no está en hacer creer que esta iglesia sea o no templaria, sino que necesitamos investigar su construcción, sus paramentos, su bóveda y otros elementos constructivos para clarificar aún más su origen, dadas la peculiaridades que tienen y su antigüedad, piensen que hasta el siglo XVIII esta iglesia ha tenido culto y servicio así como capellán.
Este largo proceso acabará tras la disolución de la orden en 1310 pero el puente y todo su alfoz pasarán años más tarde, concretamente el 18 de septiembre de 1327 a la orden de Alcántara.
Con respecto a su disolución del Temple diremos que el Papa Clemente V ordenó a los metropolitanos de Toledo, Sevilla, Santiago y Lisboa que se reuniesen en concilio provincial, aunque más bien fue una reunión, para indagar sobre la conducta de los templarios, con facultad de procesarlos y prenderlos, si se les consideraban culpables, puesto que habían sido acusados ante el pontífice de gravísimos crímenes. En cumplimiento de lo prescrito, el 21 de octubre de 1310 se reunieron en Salamanca el arzobispo de Santiago de Compostela y los obispos de Lisboa, Guarda, Zamora, Ávila, Ciudad Rodrigo, Plasencia (don Domingo) Mondoñedo, de Astorga, de Tuy y de Lugo. En donde compareció el maestre del Temple en los reinos de Castilla y León, Fray Rodrigo Yánez junto con los principales de su orden. Tras una serie de investigaciones la asamblea provincial declaró que no encontraban culpabilidad en ellos y, aunque según la comisión pudieran absolverlos, por la reverencia del superior, remitían al Papa la sentencia. (González Cuesta, F. 2002)
            Sin lugar a duda esta disolución tenía más una finalidad económica y política que social. Al final la gran beneficiada de esta disolución sería sin lugar a duda la orden de Alcántara.
Otra orden de caballería, la de Calatrava, ocuparía una gran parte del alfoz placentino ya mediados del siglo XIII al no contar Plasencia con la suficiente población para poblar la zona comprendida entre  Mirabel y Grimaldo, aunque la jurisdicción siguió perteneciendo al concejo placentino.

lunes, 27 de abril de 2015

Enfrentamientos entre las oligarquías placentinas. Inicios del siglo XVI


        El contenido de este artículo es una parte muy pequeña de un tema mucho más amplio, pero les daremos a conocer algunas de sus pinceladas, bien es cierto, que todo lo que a continuación se expresa se da  a conocer por primera vez.
        “...Fueron muchos los motivos de enfrentamientos entre los patriciados seglar y eclesiástico de la ciudad de Plasencia.  Los pleitos y las excomuniones entre ambas partes y las acaecidas desde el inicio de esta centuria (XVI) arrastraban las causas, los motivos y las consecuencias – todas ellas económicas-del último tercio del siglo XV y ahora en el presente cuando la bonanza económica era tan considerable y tan manifiesta en la construcción de una nueva catedral, los intereses, la avaricia, la ostentación y el deseo de poder se observaban más que nunca en una  confrontación ya directa entre el Concejo y el Cabildo catedralicio.
        Hemos intentado hallar las causas de estos hechos pero no hemos encontrado una sola, sino muchas que han promovido tales actos.
 Tantas rivalidades, tantos egoísmos, tanto interés partidistas, tantos deseos de poder:  social, económico, de preeminencias y ostentaciones que ensombrecieron en esta centuria las obras culturales realizadas, las manifestaciones caritativas y pías que durante este siglo XVI se produjeron en Plasencia.
Comencemos nuestro relato con un hecho peculiar y particular extraído del libro de actas del Cabildo Catedralicio datado de 1515- 1535.
En donde se nos indica que el Cabildo catedralicio sufría las alteraciones que se producían en nuestra ciudad en el levantamiento de las Comunidades castellanas y en su página 147 dice: “En Plasencia a veinte días del mes de abril de mil quinientos veinte años estando los reverendos señores presidente de deán y cabildo de esta santa iglesia de Plasencia ajuntados a su cabildo en la capilla de san Pablo sita en el claustro de la dicha iglesia y estando presente en el dicho cabildo don Luis de Cáceres arcediano de Trujillo y don Fernando de Carvajal arcediano de Medellín,  el maestro Andrés de Carmona y Juan de Carvajal canónigo y Hernando de Villalba y Juan Ruiz de Tripiana racioneros dijeron que por cuanto al presente esta ciudad está muy escandalosa sobre grandes diferencias y divisiones que hay entre unas parcialidades y oposiciones de la dicha ciudad sobre lo cual están tomadas las iglesias y torres y encerradas en ellas con gente armadas  y de esta manera todas las casas de caballeros y la ciudad está encastillada y se vela y guarda y de la defensa”. (1)
Continua con la siguiente consideración del Cabildo a sus compañeros “...los dichos señores presentes y ausentes del dicho cabildo no pueden venir seguramente a esta iglesia a las horas y oficios divinos ahora ni pueden andar por la ciudad por mucho peligro de su persona..” Por lo tanto concluía este capítulo del Cabildo diciendo: “...por ende para seguridad de sus personas y poderse excusar del peligro habrá dicho dijeron que se debían y dieron licencia de ausencia los unos a los otros y los unos a los otros ante los presentes como los ausentes a los cuales estuvieren ausentes les sean contadas la prima por residencia la cual licencia de ausencia se entiendan que gocen de ella así estando en la dicha ciudad como fuera de ella la cual licencia diere por todo el obispado que la dicha ciudad estuviera en las dichas diferencias y alborotos”. (2)
Cierto es, que Plasencia fue seguidora de las Comunidades y que las rivalidades y luchas armadas entre los linajes de Plasencia fueron agrias y crueles, tanto que incluso llegaron a la quema de iglesias como  consta en el archivo catedralicio placentino. En donde existe una Bula de Paulo III expedida en Roma, a 17 de febrero de 1537 y de ella, resulta, que en donde estuvo ubicada la segunda sinagoga placentina- en lo que hoy es la plaza de Ansano-  se construyó sobre sus restos una iglesia o capilla dedicada a Santa Isabel,  en donde se instituyo un beneficio simple agregado al cabildo de clérigos.
Pero con motivos de las guerras y disensiones promovidas en Plasencia por aquellos tiempos de las Comunidades, este templo sufrió las iras de algunos miembros de la oligarquía placentina. Desenterrándose los cadáveres allí enterrados y los altares e imágenes fueron destrozadas y quemadas- hoy existe encima de sus ruinas una casa que a finales del siglo XVI se la conocía con el nombre de la  Casa del Escudo- casa señorial de la familia Carvajal-Girón.
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1.- Libro de actas del Cabildo Catedralicio correspondiente al periodo 1515-1535, p. 147, se puede profundizar sobre el tema de las Comunidades en Plasencia a través del libro de Pérez Joseph, “Los  Comuneros” .Madrid 2005 o en el artículo de Danvila Manuel en la Real Academia de la Historia, el 19 de febrero de 1897 en Madrid.
2.- Ibíd.. Libro actas..., p. 148

domingo, 5 de abril de 2015

SEPULCRO EN LA IGLESIA DE SAN NICOLÁS

“EL SEPULCRO DE DON FERNANDO DE CHAVES.
AÑO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO DE 1559”
 


  En nuestra ciudad de Plasencia existen ciertos rincones muy especiales que reclaman nuestra atención. Uno de ellos, está dentro de la iglesia parroquial de San Nicolás. Nos estamos refiriendo al sepulcro labrado en piedra con cuatro leones (sólo se conservan dos) afrontados y rematados con varios arcos de estilo gótico y ubicados junto a la capilla de los Loaisas con quienes tuvieron parentesco (Archivo Histórico Catedralicio de Plasencia legajo 98, extensión 2, a partir de ahora AHCP.), hacia el altar de la Asunción, donde se encuentra la imagen de la Virgen de Fuentidueñas y  una preciosa lápida en donde apreciamos los escudos de armas de dos familias importantes de nuestra ciudad: Loaisas y Yangüas.
            Sin embargo nuestro sepulcro no presenta ningún signo distintivo como: un blasón o una lápida mortuoria o una  inscripción; ni referencias documentales en los historiadores placentinos y, sin embargo, denota la importancia que tenía para la nobleza en general de aquella época, el buscar el espacio eclesial en donde la misa, como sufragio para las almas de los difuntos es continuamente celebrada y un sentimiento muy unido a la vida espiritual, hace que busquen en su inseguridad ante la muerte, este espacio (monasterio, catedral, iglesia o convento) para esperar el Juicio Universal (Ariès, Ph.: “El hombre ante la muerte”. Madrid, 1999).
                Una vez más, el destino ha querido poner en nuestras manos un documento que aunque roído y medio deshecho por la humedad, iba a dar luz a nuestro misterioso asunto. Nos estamos refiriendo a unos de los muchos legajos, sin numerar, que existen dentro del Archivo Catedralicio Placentino y que en esta ocasión iba a ser el vehículo esencial para descubrir este enterramiento.

jueves, 2 de abril de 2015

Historia: Introducción

INTRODUCCIÓN


            Si sientes en tus manos la huella del pasado; si ante ti percibes la sensación del tiempo, el fondo y la forma del suceso, entonces descubriremos al protagonista de los mismos, el hombre y su historia.
Esa historia que cuando abres la página de una ciudad y vas en busca de su pasado, te das cuenta que sólo es reflejo de su presente. Así cuando analizas, indagas y describes, descubres su alma y el pulso de sus momentos, de sus latidos, de sus necesidades, de sus dificultades, de sus virtudes, de sus creencias, de sus situaciones socio económicas, culturales y políticas; en definitiva, surge de nuevo su auténtico protagonista, el hombre y la mujer que vivencia y sienten a tu lado.